dimecres, 15 d’octubre de 2008

Circus


De pequeño mi padre solia llevarme al circo. Confieso que disfrutaba mucho viendo a los trapecistas, equilibristas, funanbulistas, payasos, domadores de fieras...
El paso del tiempo hizo que me dejara de interesar un poco este mundillo. En cambio, a mi papá parecía que le gustaba más y más. Me contó que había sido colaborador de la revista "Circo" y también que se carteaba con una trapecista llamada "Pinito del Oro" muy famosa en sus años de esplendor. Me lo contaba con entusiasmo. También explicaba que era amigo de un amigo del pallaso "Charlie Rivel" y aún a dia de hoy mantienen contacto.
Pero sin duda lo que mejores recuerdos me trae el circo es una anecdota que me pasó hace unos 4 o 5 años: cuando por su cumpleaños llevé a mi papá a ver un pallaso llamado "Slava". Me pasé toda la función mirando el rostro encandilado de mi papá. Y al final del espectáculo, cuando desde el escenario lanzaron 5 globos gigantes de colores, no pude hacer otra cosa que ponerme a jugar con ellas. Y con mi papá.

8 comentaris:

Rayu ha dit...

que linda anecdota!!! que lindos recuerdos...

Cloe ha dit...

Confieso que no me gusta el circo, de pequeña si me gustaba y al igual que tú siempre iba con mi padre (porq mi madre no lo soporta), pero nunca pude con los payasos, sé que a mucha gente les despiertan simpatía, gracia y recuerdos entrañables pero a mi me despiertan todo lo contrario.
A mi me dan pena, una sensación entre pena y miedo, son tétricos, son patosos, tienen como un lado oculto que me hace apartar la mirada, no sé porqué, pero no puedo con ellos.

Besos!

Jorge ha dit...

Estoy con Cloe. Me gusta el circo, pero los payasos... el trauma "It" no está superado.

Eso sí, el recuerdo precioso.

Libélula ha dit...

Cesc,

Qué lindo cuando uno conecta con los padres aún de grandes. Cuando se reviven esos momentos. Debe de haber sido espectacular ver su asombro! Eso te debe de haber dado mucha felicidad!!!

No le temo a los payasos aún cuando mis padres me regalaron a mi hermana y a mí, uno MUY parecido al payaso de la película Poltergeist. Todas las noches, sentado en una silla frente a mi cama, con su diabólico rostro, y sus ojos rojos brillantes. Pobre... siempre terminaba en el ropero.

Besos miles!!

-Anna- ha dit...

Nunca se pierde a ese niño que llevamos dentro, sólo hay que despertarlo :)

Me encantó este recuerdo-imagen, lleno de inocencia y de cariño, y que divino tu papá con esa chispa interior :)

Un abrazo grande!!

Oscar ha dit...

La verdad es que lo del circo es para mi una especie de trauma infantil. Me acuerdo que unas navidades mi padre me llevó a ver uno en las Arenas de Barcelona.

¡Y qué decepción! Esperando los leones, tigres y jirafas que sí se anunciaban en los pósters pero que nunca salieron a escena.

Ese día fue el primero y el último de mi CV circense y el día en que el marketing publicitario engañó a un pobre niño.

Amanda ha dit...

Mi sueño frustrado es ser trapecista. Siempre me han gustado los circos, pero con una fascinación obsesiva jajaja

Bueno, pues que cuando mi madre tenía casi los 9 meses de embarazo mi padre la llevó al circo. Se sentaron por las primeras filas, y en el acto de los trapecistas, a uno se le rompió uno de los arneces y pues casi le cae encima a mi madre.
Yo creo que en ese momento, en esa pequeña muerte del trapecista, que algo de él reencarnó en mi.

Un beso...

òscar ha dit...

El circ era activitat obligada de la meva infantessa. Remarco l'obligada ja que a mi, en realitat, el que m'agradava era anar al cinema la matinal del diumenge i no anar enllà a veure bestioles obeïr o saltimbanquis posant en quarentena la llei de la gravetat.

Tot i la manca d'interès que hi tenia, noms com Pinito del Oro (trapezista canària), Charlie Rivel o el coi de Circ Rus (amb i sense Angle Cristo), se m'han quedat gravats en un raconet de la memòria.

Ells ... i que la poma ensucrada no m'agradaria mai.